Escrito por : Yorka López
“El día 17 de diciembre del 2007 yo sabia que algo iba a pasar, con mi familia recibimos un llamado, había un hígado para mi padre. El nuevo órgano lo habían traído desde Concepción, era una nueva esperanza para mejorar la vida de él, hacía ya 3 años que en mi casa había una maleta lista, preparada para partir en cualquier momento y ese día fue la oportunidad de cambiar la vida de mi padre y de toda mi familia.
Estábamos todos extasiados, los familiares y amigos nos llamaban por montones para entregarnos sus buenas vibras, mi papá estaba contentísimo porque el hígado para su transplante era de un joven lleno de vitalidad. Mi padre fue una persona amante de la vida, incluso su último estudio lo realizó hace poco tiempo, Alfabetización Digital en la Universidad del Mar.”
- Sergio López Rebolledo, de 59 años, esperaba con ansias el día de su operación, incluso tenía todo preparado con anterioridad, le dio múltiples indicaciones a su hija, como por ejemplo, “Yorka cárgame el celular, porque todos me van a llamar, cómprame mascarillas para que cuando me vayan a ver evite las infecciones, etc.” se notaba el ambiente de ánimo con esta nueva esperanza de vida, pero su hija tenia un mal augurio. Juntos hicieron una promesa, “vamos a ir los dos a buscar a la familia y agradecerles por el hermoso gesto”. Y antes de entrar al pabellón les dijo a sus parientes que no se preocuparan, “saldré bien de esto y estaremos todos juntos y felices como siempre”.
Sergio tuvo un accidente cuando pequeño, él y sus hermanos tenían el Mal de Chagas, fueron picados por una vinchuca, insecto que tiene una picadura letal, afecta poco a poco todos los órganos hasta causar la muerte. Sus hermanos padecieron distintas enfermedades, afectándoles el cólon, el esófago y la sangre, provocando leucemia. A Sergio le tomó el hígado, tenía la enfermedad tan avanzada que ya le estaba involucrando diferentes órganos, por lo que era de suma urgencia realizarle un transplante. Y así fue.
Víctor Fierro Tapia, la persona a la cual pertenecía el órgano donado para Sergio, tenía 17 años y venía recién llegando de realizar el servicio militar, se iba a casar con Laura Cifuentes, con quien tenía una hija de 2 años, Millaray . Su padre, don Victorio y su madre, señora Myriam les habían regalado una parcela donde comenzarían una nueva vida, es justamente ese lugar el que estaban cuidando, Víctor y un primo, el 16 de diciembre, pero ocurrió algo inesperado, para tener mayor protección y estar preparados en caso de cualquier “asalto”, los jóvenes tenían un arma, la que se disparó llegándole en la cabeza a Víctor, recibió una bala perdida en el cerebro y falleció al día siguiente.-
“La operación fue más larga de lo previsto y nadie entregaba ninguna información, fue la noche más larga de mi vida, al día siguiente, cuando por fin salio mi papá de pabellón ya no era el mismo, sólo pedía agua, estaba destrozado, venía lleno de máquinas, sondas, estaba conciente, pero después le comenzaron a dar un tratamiento que lo tranquilizaba, porque le volvieron esos cuadros de locura en los cuales se descompensaba completamente, por lo que estaba amarrado a la camilla. Estuvo 21 días en la UCI del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, en los que luchó a diario, se empeoraron los órganos restantes, riñones, pulmones, tenia neumonía y hematomas por todo el cuerpo. Y lo peor es que fue todo en un período de celebraciones familiares, cumpleaños, navidad y año nuevo, ahí me di cuenta de que ya no lo vería más. Un día 6 de enero sentí algo extraño, mi padre se había ido a despedir; después lo vi en el hospital, estaba conectado a un ventilador mecánico, seguía respirando, pero yo sabia que él ya no estaba.
Ese sonido que hace una máquina dentro de la sala cuando alguien fallece, es real, no es solamente de películas, yo lo sentí y fue horrible, la sala estaba llena de gente, al igual que su funeral, fue tal cual como a mi padre le habría gustado, estar rodeado de todos sus seres queridos. Para mi fue algo parecido a que me hubieran arrancado la mitad de mi vida, hasta hoy ha sido sumamente difícil, es por eso que cumplí aquella promesa que le hice a mi papá antes que entrara a pabellón: encontrar a la familia del donante y agradecerle eternamente la oportunidad de haber dado una esperanza de vida a mi papá.
Es por esta razón, que armándome de fuerzas, viaje sola hasta Concepción, no sabía cuál sería la reacción de la familia, si buena o mala, pero iba dispuesta a todo, yo solamente necesitaba agradecer el gesto de entregar una parte de su hijo, para la recuperación de mi padre.
Desde el mismo día que supimos que había un órgano para él, estoy completamente agradecida con la familia de Víctor, la pena que compartimos nos une especialmente, todos perdimos a un ser querido muy importantes en nuestras vidas, pero justamente ellos, Victorio y Patricia, padres de Víctor, no dudaron y entregaron los órganos de su hijo en beneficio de otras personas, lamentablemente ninguno de los dos está con nosotros ahora, pero quiero que se de a conocer el valioso gesto de amor hacia los demás que hizo esta familia.
Su dolor debe ser inmensamente grande, pero aun así, dieron la esperanza y la ilusión de mejorar la vida de todas las personas que recibieron una parte de Víctor.”
-Su hija Yorka quiere hacer pública esta gratitud a la familia Fierro Tapia por regalarle instantes de felicidad a su padre y a toda su familia, por entregar la esperanza de mejorar y de volver a amar la vida con todo su ser.-
“Quiero engrandecer tan bello gesto de esta familia, hoy en día estamos individualistas y materialistas; hechos como éste, que no se les da tanta relevancia lo quiero hacer público, es un gesto que fue dar sin recibir. Estas personas deben ser homenajeadas, porque realizan un acto de valentía.
Les entrego una gratitud de corazón, espero que tengan la conformidad de la pérdida de un ser querido y espero que este gesto se les retribuya por montones. Estoy agradecida eternamente por haberle entregado los últimos minutos de felicidad a mi padre”.
Donando órganos entregamos ganas de seguir disfrutando la vida
La donación de órganos da felicidad y esperanzas de vida |