En el año 2000,José Molina Quinteros, mi esposo, enfermó repentinamente con diarreas, vómitos, un dolor corporal generalizado y percibía yo, un extraño olor que jamás olvidaré.
Fue asistido por la Unidad Coronaria, que al ver el estado de deshidratación, estuvo dos horas,aproximadamente pasando suero y determinó una infección estomacal o intestinal.
Pasaban los días y él empeoraba. Llamé un médico a domicilio quien solicitó una serie de exámenes de sangre y orina para comprobar si existía tal infección. Los exámenes le fueron realizados en casa y los resultados estuvieron rápidamente. Gran sorpresa. El médico que los había solicitado los leía y no sabía que decir.
El médico me sacó de la habitación y muy serio me explica que los resultados no son nada buenos ya que arrojó un elevado nivel de toxinas, potasio, bajísimo nivel de hematocritos y otros que indicaban que había problema con la función renal. Ahora me correspondía a mi, informarle a José y tomar una decisión en cuanto a qué hospital o centro de salud debía trasladarse. Ya habían transcurrido entre 8 y 9 días.
José no fue capaz de ponerse de pie y llamé nuevamente a la Unidad Coronaria, quien lo trasladó al hospital de la Universidad de Chile, decisión nuestra.
Ahí estuvo durante 22 días donde diariamente se le realizaron exámenes, scaners, radiografías y biopsia de sus riñones. Siempre se trató como una insuficiencia renal aguda hasta el día 21. El médico tratante me llama y me informa de que se trataba de una insuficiencia renal crónica y que debería ingresar a hemodiálisis de por vida.
Durante esos 22 días me informé de la enfermedad en todos los medios posibles, mi dentista , mi médico habitual, ginecólogo, internet etc.
Fue ese mismo día 21 que pregunté a su médico, Dr. Cotera si podía ser yo quien le donara un riñón, ya que de acuerdo a todo lo que me había informado respecto de la enfermedad, no le esperaba una buena calidad de vida y las diálisis deterioran el organismo al paso de los años. El me respondió que sí y le preguntamos lo mismo al Dr. Orozco quien también me dio una respuesta de aliento.
José se inscribió en coordinación de transplante del hospital Salvador mientras asistía a sus diálisis en otro centro. Estuvimos realizándonos exámenes aproximadamente un año. Todo iba bien. Cuando nos hicimos los exámenes genéticos, éstos arrojaron cuatro genes idénticos lo que determinó, definitivamente, que la operación se realizaría.
A pesar de todo esto, el grupo médico me pidió que presentara declaraciones y otros documentos por razones éticas ya que no somos casados legalmente y tenemos un hijo de 23 años ahora.
La operación fue un éxito, desde el año 2001 vivo con un riñón y mi esposo con otro.
No supe lo que era el miedo, pienso que Dios me dio mucha fuerza y valentía. Tan decidida estaba que no pensé que nuestro hijo, que solo tenía 15 años, esperaba impaciente y preocupado pero con fe durante cinco horas porque sus padres estaban en pabellón sometiéndose a un transplante renal.
Hoy en día llevamos una vida normal, mis exámenes como donante son óptimos y el transplantado vive normalmente con los cuidados que requiere una operación como esta. |