La semana pasada se cumplieron dos años desde mi salida del hospital, después de un trasplante de corazón y siete meses de postoperatorio. Actualmente, me encuentro en Londres, comenzando un Master y gozando de perfecta salud, lo cual solo ha sido posible por la generosidad de la familia donante que me regaló vida.
En 1995, al haber recién cumplido 21 años, se me diagnosticó una enfermedad cardiaca congénita, que progresivamente me deterioró la salud, restringiéndome en todas las actividades de la vida cotidiana, hasta que nueve años después, apenas podía caminar. Fue entonces cuando se me dijo que lo única posibilidad de seguir viviendo era un trasplante al corazón. En la espera de un donante mi salud se deterioró aún más, hasta que la mayoría de los órganos del cuerpo no podían cumplir su función, lo cual me obligó a seguir la espera conectada a un corazón artificial. Fue entonces cuando una familia me regaló el corazón de su ser querido, entregándome la oportunidad de seguir viviendo. Por la larga espera de un donante, mi postoperatorio involucró siete meses internada en un hospital para recuperar mis otros órganos afectados por el mal funcionamiento cardiaco.
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