A los 2 meses y medio, en su control de niño sano con su pediatra, a Pascal le hicieron unos exámenes porque estaba amarilla. El doctor nos hizo saber su preocupación y unas horas más tarde, nos confirmó que sufría de atresia a las vías biliares, que había que hospitalizarla al otro día y a más tardar el viernes (todo esto fue un miércoles), sería operada. La reunión con el cirujano para confirmar diagnóstico fue aún más fuerte. Luego de explicarnos las opciones de operación que tendría nuestra hija, nos dijo lo que un papá nunca quiere oír “independiente del éxito de la operación, su hija en el corto, mediano o largo plazo, debe ser trasplantada”. El mundo se nos vino encima y la angustia fue aún peor. Uno apenas se hace la idea que a los 2 meses debe pasar por una operación de alto riesgo y su futuro, no se veía prometedor. Gracias a Dios la operación fue exitosa, pero el resultado de la biopsia fue lapidario. Pascal tenía un hígado cirroso de la peor calidad, por lo que el tiempo para su trasplante era más cercano de lo que se pensaba.
Trasplante!, que palabra más fuerte. Para mi…fue la sentencia de muerte de la razón de mi vida, mi pequeña Jazmín. Eso fue lo primero que pensé cuando el cirujano me confirmo el diagnostico de la enfermedad de mi hija, y de paso me comentó que era candidata segura a TRASPLANTE HEPÁTICO, con mi ignorancia sobre todo lo relacionado con enfermedades, sentí que el mundo se me había venido encima y no lograba entender la razón de que mi hija padeciera de Atresia de Vía Biliar. Ella acababa de ser operada y yo no tenía mayores antecedentes de su enfermedad, mucho menos del procedimiento al que había sido sometida, cuando ya la daba por perdida y no veía solución a todo lo que me informaron en 10 minutos. Solo quería verla y estar con ella, la impresión mas grande de mi vida fue al verla, con respiración mecánica, con vías en sus dos brazos, piernas y un sin fin de mangueras y cables en su pequeño cuerpecito de 2 meses. Lloré hasta que no me quedaran más lágrimas, ni ganas de llorar, así fue el inicio de largo camino que recorrimos hasta el día del trasplante, todo el tiempo que duró la espera, fue bastante más tranquilo al notar la fortaleza y ganas de vivir que tiene esta guerrerita, cada día que transcurrió fue más fácil de llevar que el anterior y mayor fue mi tranquilidad cuando comenzamos los estudios y se confirmó que yo sería su donante, sinceramente no sólo daría mi hígado, sino también mi vida por verla jugar y sonreír como lo hace hoy en día.
Por Andrés Salinger
-“Uno a veces no le toma el peso al tema de la donación de órganos y la importancia que es dar vida cuando uno ya no puede seguir viviendo, pero la verdad es que es súper simple: Si yo no hubiese recibido el órgano ahora estaría muerta.”-
Tiene toda razón Marlenne, una mujer que ha sido bendecida por un órgano que hoy le permite vivir con completa normalidad, luego de una larga enfermedad hepática. Sorprende esta mujer por la forma cómo ve las cosas: “Siempre de todo lo malo yo le veo lo positivo, me aferro a eso y así me doy ánimo, lo cual sin duda me ha ayudado a lo largo de mi vida a pasar muchas penas y poder sobrellevarlas”.
A Marlenne le detectaron una hepatitis crónica auto inmune, una enfermedad en la que el propio sistema inmunológico ataca a un órgano determinado, en este caso el hígado. A pesar de que le dijeron ya, 12 años atrás que esta enfermedad desembocaría en la necesidad de un trasplante, ella nunca le tomó el peso a lo que significaba esto y, optó por seguir viviendo su vida tal cual la venía haciendo. Dos años antes del trasplante, la enfermedad ya estaba muy
avanzada y ahí empezó a notar más cansancio, dolor en las rodillas y una hinchazón en el abdomen. Luego de sufrir una hemorragia que la tuvo muy mal, entró en la lista de espera de un hígado que le permitiría seguir viviendo. Esta espera fue mirada con mucho optimismo y con alegría: “Sabía que todo iba a funcionar perfecto y que era sólo cuestión de tiempo, sabía que en algún momento me iba a tocar el turno y que luego todo quedaría atrás”. Incluso cuenta que el día del trasplante no se sintió nerviosa en ningún momento, y que antes de entrar a pabellón, estuvo con su familia relajada y riéndose.
“Entre risas y llantos fue mi reencuentro con mis amadas hermanas y consiervas del Señor, en la recién celebrada Convención, en la Iglesia de La Pintana, en Santiago.
No podía ser de otra forma, considerando que en las dos anteriores Convenciones, mis hermanas habían derramado sus corazones ante el Señor en súplicas y ruegos por mi vida que se extinguía poco a poco y dolorosamente a consecuencia de una enfermedad crónica que me había afectado el hígado, y por consiguiente, me tenía integralmente deteriorada.
Oraciones y súplicas que fueron oídas por nuestro Hacedor, para Él que no hay nada imposible, estando en el propósito y Su Voluntad el querer hacerlo.
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