Testimonio María Bernardita Celis Contardo, trasplantada de páncreas y riñón, año 2007
Dado que en los últimos años ha disminuido notoriamente la tasa de donantes de órganos, es que me veo llamada a dar mi testimonio. Tal vez, de esta manera pueda contribuir a que otras personas puedan conocer y entender lo que significa depender totalmente de la decisión y buena voluntad de un desconocido, alguien que luego pasa a ser la persona en quien piensas y le agradeces el resto de tu vida.
Cuando tenía 5 años, me diagnosticaron diabetes mellitus. No había nadie en mi familia que padeciera esta enfermedad y, lamentablemente, me había atacado un virus luego de haber tenido rubeola. La consecuencia de todo ello fue que tuve que comenzar a inyectarme insulina diariamente, además de llevar una dieta baja en carbohidratos y sin azúcar. Como era muy pequeña, mis padres se encargaron de explicarme qué cosas podía o no comer. No tuve problemas para adaptarme a esta vida, lo que sí me costó mucho fue aprender a inyectarme yo sola, tarea que realizó mi mamá hasta que vencí el miedo.
El hecho de ser diabética nunca me complicó y, aunque claramente en varias ocasiones deseaba probar alguna torta, dulce, chocolate, sabía que no debía. Afortunadamente, nunca tuve problemas para manejar mis glicemias, pues siempre me daba cuenta cuando mis glicemias bajaban (incluso estando dormida, era capaz de reconocer que algo me pasaba, despertaba y comía rápidamente algo con azúcar). Realicé una vida completamente normal en mi etapa escolar: Competí en gimnasia rítmica, luego en volleyball, iba a mis viajes al volcán Llaima con mi curso todos los años, salía de vacaciones con amigos, etc.
Luego de haber salido del colegio, el verano del 2002 descubrieron que tenía un daño renal leve. No me di cuenta hasta que mis pies se hincharon producto de la acumulación de líquido. Comencé a tratarme con un nefrólogo, además de mi endocrinólogo en Temuco, la ciudad donde vivía en ese momento. Tuve que empezar a tomar remedios para bajar mi presión, un diurético y disminuir mi ingesta de sal. Ese mismo año ingresé a la universidad a estudiar diseño, pero a mitad de año me di cuenta que no me llenaba, por lo que decidí cambiarme al año siguiente a psicología.
Durante el año 2005, cuando tenía 22 años, mi nefrólogo me dijo que el daño en mis riñones había aumentado, por lo que debía comenzar a pensar en diálisis o un trasplante. Recuerdo haberle preguntado cuánto tiempo me quedaba y cuáles eran las opciones de trasplante, y cómo funcionaba el proceso. Luego, pensaba en que no podía estar pasando por eso, cómo tan joven tendría que depender de una máquina para poder seguir viviendo. Conocía la realidad de una persona en diálisis, pues mi abuelito había empezado a dializarse tiempo atrás.
Fue en ese momento que mi vida cambió, yo era una persona estructurada, me gustaba mantener el control, saber que realizaría más adelante, tenía calculado cuando saldría de la universidad, qué quería hacer después…muchos planes, y todo eso se derrumbó de un minuto a otro. Sentí mucha pena y rabia el día que me dieron esa noticia. Luego pensé que debía ser fuerte, Dios nunca me enviaría algo que no pudiera soportar. Soy una persona de mucha fe y, en ese tiempo, participaba activamente del movimiento de Schönstatt, era jefa de rama de la Juventud Femenina Universitaria de Temuco. En ese momento, sólo entregué mi vida en las manos de Dios y la Mater, pidiéndoles que me dieran fuerza para afrontar lo que me estaba pasando, ya que no quería que mi familia sufriera al verme mal y tampoco quería abandonar mi vida, mis responsabilidades y lo que me hacía feliz. Por ello, traté de continuar lo que hacía diariamente, sólo con una diferencia: Ya no me estresaría por sacarme una buena nota o por cosas pequeñas, ya que había algo más importante, las personas que me rodeaban, mi salud, y lograr estar bien.
En un comienzo me negaba, ya que tenía miedo que ellos lo fueran a necesitar más adelante. Sólo una de mis hermanas era compatible conmigo y decidí viajar a Santiago para conocer otras opiniones médicas y averiguar sobre el trasplante de páncreas y riñón que me había comentado mi endocrinólogo. En la Clínica las Condes, el único lugar en ese tiempo donde realizaban este tipo de trasplante, me comentaron que no podría recibir el riñón de mi hermana, puesto que ambos órganos debían ser del mismo donante y que tendría una mejor calidad de vida si me trasplantaba de ambos órganos, ya que así dejaría de tener diabetes, evitando que ésta dañara mi nuevo riñón.Después de muchos exámenes, ingresé a la lista de espera nacional para recibir un trasplante de páncreas y riñón. Aproveché de salir de vacaciones con mi familia y mis amigos del colegio antes de comenzar la diálisis. En febrero del 2006, empecé con un tipo de vida que no le deseo a nadie y es así como comencé a congelar mis sueños, mis proyectos, mis estudios y se dio inicio a una rutina semanal: Tres veces por semana debía acudir a un centro de diálisis, permanecer ahí cuatro horas conectada a una máquina que me limpiaba la sangre, aguantar esos terribles pinchazos y esas agujas en mi brazo todas esas horas, además de mirar conmovida a mi alrededor y ver a tantas personas que se les esfumaban sus sueños, energías, sonrisas y como de a poco algunos se rendían.
El año 2007 me vine a vivir junto a mi familia a Santiago. La última semana de junio de ese año me llamó la enfermera de trasplante de la clínica, diciéndome que había un posible donante, pero que había que ver aún si el páncreas estaba en buenas condiciones. Lamentablemente, este último no estaba en buenas condiciones, por lo que debí seguir esperando una nueva oportunidad. En ese momento es que pensé, ya no estoy tan lejos, puede ser que termine esta espera. Aproximadamente 15 días después, el 12 de julio, recibí un nuevo llamado de una de las enfermeras de trasplante, diciendo exactamente lo mismo. Considerando el anterior llamado, no quise emocionarme demasiado, incluso ni cuando iba camino al pabellón.
Cuando desperté, me dijeron que tanto mi páncreas como mi riñón estaban funcionando y desde ese día no he vuelto a dializarme ni tampoco a inyectarme insulina. Mi recuperación fue muy rápida, en una semana estaba en mi casa. Eso sí, no pude salir de mi casa durante 3 meses; luego, podía pero con mascarilla por un tiempo. Al año de trasplantada tuve un rechazo leve, que fue tratado a tiempo y sin mayores complicaciones.
En marzo del 2008 regresé a la universidad, me titulé como psicóloga el años 2009, pudiendo realizar uno de mis sueños.
Durante estos 4 años de trasplantada puedo decir que he vuelto a vivir, a soñar y a proyectarme, quizá no de manera tan planificada como antes, pero me siento una mujer afortunada y privilegiada, ya que pude seguir adelante. Pero, a veces me pregunto, ¿Por qué yo sí y otros no? Me duele pensar en tantas personas que siguen en diálisis, que no pueden seguir estudiando, trabajando, ir de vacaciones ni proyectarse, ya que no saben si se hará realidad su gran sueño: Ser trasplantados.
Cada día agradezco el acto de generosidad de la familia de mi donante, por haber sido capaces de ver más allá de su sufrimiento y regalar esperanza y vida a más personas. Mediante este testimonio quiero hacer un llamado a todos quienes están indecisos de hacerse donantes, infórmense bien sobre este tema, y piensen que uno nunca está libre de llegar a ser un posible receptor de órganos.
Teléfono: (2) 274 27 00
Fax: (2) 269 12 88
E-mail: corporacion@trasplante.cl
Rancagua 0250 - Providencia
Santiago - Chile
Comentarios
de cada persona trasplantada como yo ( corazón).. no puedo dejar de estar agradecido de dios todos los días, el con su gran bondad nos permite tener otra oportunidad de vida tocando con su amor de padre el corazón de otras personas para que acepten ser donantes * ángeles en el cielo y en la tierra donantes *
* sigamos adelante y ojalas que por cada uno de nosotros exista ( 1 ) o mas donantes dentro de nuestras familias.
gracias.
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