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"El trasplante es la única esperanza de vida para muchas personas"
 

Tatiana Eluani, es odontóloga y sufre de diabetes tipo I o insulinodependiente desde muy joven. Ha sido sometida a dos trasplantes de riñón y el jueves 24 de abril de 2003 fue sometida al primer trasplante de islotes pancreáticos. Esta es su historia.

Tengo 48 años. La diabetes empezó a los 18 años, primero fue sin darme cuenta que era diabética, pero con el diagnóstico todo se aclaró. Viví sin mayores problemas hasta los 45 años, salvo algunas infecciones, uno es más propenso a ellas, te agarras infecciones urinarias, gripes, etc.
Pero cuando cumplí los 45 me empecé a sentir muy mal. El último chequeo general arrojó que ya tenía un 10% de la función renal. A los tres meses de haber descubierto esto empecé a dializarme y entré en lista de espera.
Uno se hace esclava de una cosa como inyectarse una vez al día, hasta tres veces al día. Cuando yo empecé hacerme la glicemia tenía que ir a un laboratorio, no existía ninguna máquina como las que hay ahora en la casa. Había que esterilizar las jeringas, porque no existían las desechables. Siempre es una vida diferente al resto.

Tatiana junto a su hijo y marido

Además, hay que privarse de muchas cosas que te gustaría comer Me dialicé desde junio de 2000 hasta febrero de 2001, fecha en la cual apareció un donante… Yo necesitaba un paciente que me donara, no solamente el riñón, sino el páncreas también. Eso hizo que se descartara a todos los familiares.
Me llamaron los dos últimos días de febrero de 2001 y me trasplanté de riñón- páncreas. El trasplante fue un éxito, pero a las 24 horas se me hizo un trombo en el lado derecho donde iba el páncreas. Salí de la clínica con una pierna rígida, casi sin sentir, con una bota acrílica que me sujetaba la pierna. Como en noviembre me empezó a fallar el riñón, pasé todo el verano del 2002 mal y en mayo del mismo año tuve que entrar de nuevo a diálisis y de nuevo a lista de espera, para conseguir solo un riñón, porque el páncreas no se puede trasplantar dos veces (por que el sitio para entrar a operar el páncreas es complicado).
Al mes y medio de diálisis apareció, gracias a Dios, un donante. Ese riñón se demoró en funcionar como 15 días. Tenía a todo el mundo súper asustado. Empezó a funcionar y hasta ahora lo ha hecho perfectamente, pero en septiembre del 2002 falló el páncreas. Este me duró como seis meses más funcionando solo. Entonces, volví a ser diabética igual que antes.
Estuve un año seis meses, sin inyectarme insulina y comiendo lo normal. Pero en septiembre del año 2002 volví a ser diabética. Mientras que me dializaba, los médicos estaban viajando a Canadá y Estados Unidos a conocer este novedoso trasplante de islotes. Nunca pensé que yo iba a ser la primera a la que le iba tocar. Yo le había dicho al Dr. Buckel que si tenía que experimentar en alguien que pensara en mí. Ya no tenía nada que perder. Con dos trasplantes a cuestas, me daba lo mismo. Pero se fue postergando porque a ellos les costó mucho aislar los islotes.
Las complicaciones de la diabetes empezaron a afectar la circulación periférica de mi pierna derecha, la misma del trombo. Este verano del 2003 se me necrosaron dos dedos del pie y me tuvieron que amputar los cinco.
En abril me hice la tercera seroteca y me llamaron para saber como estaba. La pierna estaba operada, la cicatrización del pie caminaba bien y estaba sana. Así decidieron operarme y someterme al trasplante de islotes. La mejoría no ha sido como fue con el trasplante de órganos. Yo salí del pabellón y nunca más me puse insulina, pero en este caso ha disminuido considerablemente la necesidad de insulina.


Tatiana junto a su madre y hermanas

La intervención es sin anestesia, uno está conciente y dura como una hora y media. Es una inyección intercostal que va a la vena porta y las células quedan alojadas en el hígado, no en el páncreas. Y ahí en el hígado empiezan a funcionar. Este es un proceso que dura unos días y requiere de un tiempo de adecuación. En este proceso estoy ahora.
La glicemia paulatinamente me ha ido bajando, ya casi a rangos normales. Me estoy poniendo 4 unidades al día para estar prevenida. Estoy en cama no por el trasplante de islotes sino por la cicatrización del pie. No puedo pisar, ni caminar.
Ha sido bueno. De 18 unidades estoy usando un sexto. Todavía no ha sido óptimo pero en tres meses más me pueden poner otra inyección de islotes y asunto resulto. Los médicos, tampoco saben cuándo dura, si es de por vida o en un tiempo más hay que poner otra inyección. Por lo menos, al estar con una glicemia normal, todos los procesos de envejecimiento de los órganos provocados por la diabetes se detienen.
A penas salí del pabellón, el azúcar se me fue al suelo, incluso me tuvieron que poner ampollas de suero glucosado para subírmela. Después me estabilizaron. Quedé con una glicemia oscilante que ha ido estabilizándose.
El requerimiento de insulina ha bajado. Lo que más he tenido cuando he tenido subidas de azúcar es 240, lo máximo. Antes podía llegar a los 500 y eso significado ponerme insulina rápidamente. Sin embargo, he seguido haciendo la dieta por precaución.
Ahora, yo tengo dos páncreas, el mío y otro. Además, tengo tres riñones (los dos míos y el del donante que me funciona impecable).
Para mi familia (hijo y marido) mi enfermedad ha sido difícil, pero estamos los tres juntos igual. Lo han tenido que asumir en lo emocional y económico Mi hijo se ha tenido que acostumbrar a tener una mamá en cama, mi marido a una señora que no trabaja y que a veces anda de mal genio. Además, hace poco le diagnosticaron a mi hijo diabetes insulinodependiente. Le ha costado harto asumirlo, a lo mejor va a tener que ir a un psicólogo, porque tiene un cuadro de la diabetes que no le gusta mucho, así no puede quererla. Yo tampoco quiero volverme su doctora. Estamos trabajando en esto.
El trasplante es la única esperanza de vida para muchas personas. Dializarse es espantoso, el tener que estar amarrada a una máquina no es agradable. Creo que las personas que miran esto de afuera no lo entienden. Yo había escuchado la palabra diálisis, pero es distinto vivirla. Me acuerdo del trasplante de corazón como algo espectacular. Por eso es importante la experiencia de las personas que han sido sometidos a un trasplante.
Hoy, vivo el día y no me preocupo del mañana.
Por la familia de los donantes siento una gratitud infinita, siempre pido que Dios los tenga en su Santa Gloria. Yo tengo harta fe. Ellos están dando vida. Están incorporados en mí de una forma de gran plenitud y recibimiento.

 
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