Tengo
48 años. La diabetes empezó a los 18 años,
primero fue sin darme cuenta que era diabética, pero
con el diagnóstico todo se aclaró. Viví
sin mayores problemas hasta los 45 años, salvo algunas
infecciones, uno es más propenso a ellas, te agarras
infecciones urinarias, gripes, etc.
Pero cuando cumplí los 45 me empecé a sentir
muy mal. El último chequeo general arrojó
que ya tenía un 10% de la función renal. A
los tres meses de haber descubierto esto empecé a
dializarme y entré en lista de espera.
Uno se hace esclava de una cosa como inyectarse una vez
al día, hasta tres veces al día. Cuando yo
empecé hacerme la glicemia tenía que ir a
un laboratorio, no existía ninguna máquina
como las que hay ahora en la casa. Había que esterilizar
las jeringas, porque no existían las desechables.
Siempre es una vida diferente al resto.
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Tatiana
junto a su hijo y marido |
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Además, hay que privarse de muchas cosas que te gustaría
comer Me dialicé desde junio de 2000 hasta febrero
de 2001, fecha en la cual apareció un donante
Yo necesitaba un paciente que me donara, no solamente el riñón,
sino el páncreas también. Eso hizo que se descartara
a todos los familiares.
Me llamaron los dos últimos días de febrero
de 2001 y me trasplanté de riñón- páncreas.
El trasplante fue un éxito, pero a las 24 horas se
me hizo un trombo en el lado derecho donde iba el páncreas.
Salí de la clínica con una pierna rígida,
casi sin sentir, con una bota acrílica que me sujetaba
la pierna. Como en noviembre me empezó a fallar el
riñón, pasé todo el verano del 2002 mal
y en mayo del mismo año tuve que entrar de nuevo a
diálisis y de nuevo a lista de espera, para conseguir
solo un riñón, porque el páncreas no
se puede trasplantar dos veces (por que el sitio para entrar
a operar el páncreas es complicado).
Al mes y medio de diálisis apareció, gracias
a Dios, un donante. Ese riñón se demoró
en funcionar como 15 días. Tenía a todo el mundo
súper asustado. Empezó a funcionar y hasta ahora
lo ha hecho perfectamente, pero en septiembre del 2002 falló
el páncreas. Este me duró como seis meses más
funcionando solo. Entonces, volví a ser diabética
igual que antes.
Estuve un año seis meses, sin inyectarme insulina y
comiendo lo normal. Pero en septiembre del año 2002
volví a ser diabética. Mientras que me dializaba,
los médicos estaban viajando a Canadá y Estados
Unidos a conocer este novedoso trasplante de islotes. Nunca
pensé que yo iba a ser la primera a la que le iba tocar.
Yo le había dicho al Dr. Buckel que si tenía
que experimentar en alguien que pensara en mí. Ya no
tenía nada que perder. Con dos trasplantes a cuestas,
me daba lo mismo. Pero se fue postergando porque a ellos les
costó mucho aislar los islotes.
Las complicaciones de la diabetes empezaron a afectar la circulación
periférica de mi pierna derecha, la misma del trombo.
Este verano del 2003 se me necrosaron dos dedos del pie y
me tuvieron que amputar los cinco.
En abril me hice la tercera seroteca y me llamaron para saber
como estaba. La pierna estaba operada, la cicatrización
del pie caminaba bien y estaba sana. Así decidieron
operarme y someterme al trasplante de islotes. La mejoría
no ha sido como fue con el trasplante de órganos. Yo
salí del pabellón y nunca más me puse
insulina, pero en este caso ha disminuido considerablemente
la necesidad de insulina. |
Tatiana
junto a su madre y hermanas |
La
intervención es sin anestesia, uno está conciente
y dura como una hora y media. Es una inyección intercostal
que va a la vena porta y las células quedan alojadas en el
hígado, no en el páncreas. Y ahí en el hígado
empiezan a funcionar. Este es un proceso que dura unos días
y requiere de un tiempo de adecuación. En este proceso estoy
ahora.
La glicemia paulatinamente me ha ido bajando, ya casi a rangos normales.
Me estoy poniendo 4 unidades al día para estar prevenida.
Estoy en cama no por el trasplante de islotes sino por la cicatrización
del pie. No puedo pisar, ni caminar.
Ha sido bueno. De 18 unidades estoy usando un sexto. Todavía
no ha sido óptimo pero en tres meses más me pueden
poner otra inyección de islotes y asunto resulto. Los médicos,
tampoco saben cuándo dura, si es de por vida o en un tiempo
más hay que poner otra inyección. Por lo menos, al
estar con una glicemia normal, todos los procesos de envejecimiento
de los órganos provocados por la diabetes se detienen.
A penas salí del pabellón, el azúcar se me
fue al suelo, incluso me tuvieron que poner ampollas de suero glucosado
para subírmela. Después me estabilizaron. Quedé
con una glicemia oscilante que ha ido estabilizándose.
El requerimiento de insulina ha bajado. Lo que más he tenido
cuando he tenido subidas de azúcar es 240, lo máximo.
Antes podía llegar a los 500 y eso significado ponerme insulina
rápidamente. Sin embargo, he seguido haciendo la dieta por
precaución.
Ahora, yo tengo dos páncreas, el mío y otro. Además,
tengo tres riñones (los dos míos y el del donante
que me funciona impecable).
Para mi familia (hijo y marido) mi enfermedad ha sido difícil,
pero estamos los tres juntos igual. Lo han tenido que asumir en
lo emocional y económico Mi hijo se ha tenido que acostumbrar
a tener una mamá en cama, mi marido a una señora que
no trabaja y que a veces anda de mal genio. Además, hace
poco le diagnosticaron a mi hijo diabetes insulinodependiente. Le
ha costado harto asumirlo, a lo mejor va a tener que ir a un psicólogo,
porque tiene un cuadro de la diabetes que no le gusta mucho, así
no puede quererla. Yo tampoco quiero volverme su doctora. Estamos
trabajando en esto.
El trasplante es la única esperanza de vida para muchas personas.
Dializarse es espantoso, el tener que estar amarrada a una máquina
no es agradable. Creo que las personas que miran esto de afuera
no lo entienden. Yo había escuchado la palabra diálisis,
pero es distinto vivirla. Me acuerdo del trasplante de corazón
como algo espectacular. Por eso es importante la experiencia de
las personas que han sido sometidos a un trasplante.
Hoy, vivo el día y no me preocupo del mañana.
Por la familia de los donantes siento una gratitud infinita, siempre
pido que Dios los tenga en su Santa Gloria. Yo tengo harta fe. Ellos
están dando vida. Están incorporados en mí
de una forma de gran plenitud y recibimiento. |