Eugenia Muñoz Odgens: "Donación de órganos: Alquimia que da vida"

Por Jorge Díaz Arroyo. Reportaje publicado originalmente en revista Murano N°65, Chillán, junio de 2016.

PabellonA fines de abril de 2016, y cuando apenas habían transcurrido unos días desde que el menor de cuatro años, León Smith, falleciera en el Hospital de la UC esperando la donación de un corazón, se dio a conocer un informe del Registro Civil que reveló que Chillán ocupaba el cuarto lugar nacional de ciudades donde más personas han rechazado el ser donantes de órganos. Las cifras confirman la estadística a la baja respecto a procuraciones realizadas en el Hospital Herminda Martin, donde el año 2014 se realizaron 8 procuraciones (obteniéndose de ellas 22 órganos), para bajar a la mitad el 2015, con solo 4 (y 14 órganos).

Todo esto, pese a que el año 2013 la Ley N° 20.413 generó un cambio fundamental al incorporar el concepto de donante universal, indicando que “toda persona mayor de dieciocho años será considerada, por el solo ministerio de la ley, donante de sus órganos una vez fallecida, a menos que en vida haya manifestado su voluntad de no serlo”.

Una de estas formas es realizar una declaración notarial que manifieste su negativa a ser donante, gestión que en nuestra ciudad realizan unas 10 personas a la semana, sumando 542 trámites el 2015.

En Chillán, la Unidad de Procuración y Donación de Órganos y Tejido del Hospital Herminda Martin, está compuesta por las enfermeras Gabriela Espinoza Fuenzalida y Beatriz San Martin González, y el médico Andrés Rubilar Farías. Su misión es aumentar el número de donantes para favorecer a los pacientes que tienen la necesidad de un trasplante.

Sobre las razones que explicarían la baja a nivel local en donación de órganos y el alto rechazo mediante trámite notarial, los profesionales acusan “la falta de información sobre el proceso de donación de órganos y la desconfianza en los equipos de salud”. En cualquier caso, señalan que “mantenemos una tasa de donantes superiores que el nivel nacional”, agregando que “los equipos de salud nunca van a actuar en contra de una decisión familiar”.

Una decisión vital

Eugenia junto a Christian y su familia

Christian Venegas es un joven quirihuano padre de familia. El pasado 23 de abril de 2016, su madre, Eugenia Muñoz Odgens, falleció a causa de una hemorragia cerebral a la edad de 61 años.

Eugenia esposo y nieta

“Mi madre puso en la mesa el tema de la donación de órganos en nuestra familia -recuerda Christian-. Constantemente nos recordaba de la importancia de ser donante, además de insistir en que su decisión era donar sus órganos (‘lo que sirva’, nos decía) una vez que falleciera”, recuerda el joven.

Equipo Donacion de Organos ChillanCuando personal de la Unidad de Procuración y Donación de Órganos del Hospital Herminda Martin les explicó a él, su hermano y a su padre, que Eugenia había sido declarada fallecida por muerte cerebral y que debido a la causa de muerte podría ser donante del hígado y ambos riñones, “mi respuesta inmediata, -rememora Christian- ‘por supuesto que sí’, dije, ‘fue el deseo de la mamá y hay que respetarlo’, finalicé. Mi hermano y papá hicieron lo mismo y en ningún momento dudaron; la respuesta fue ‘sí, respetaremos la decisión de donar los órganos, deseo que mi madre tanto defendió en vida’”, aseveró.

Eugenia y nietaSobre la aproximación que hizo el personal médico y la claridad de la información sobre las opciones y el proceso, Christian afirma que todo se hizo “siempre con mucho respeto y con mucha conciencia del difícil momento que estábamos viviendo en ese instante. La enfermera contestó a cada consulta que hicimos”.

Los profesionales de la Unidad de Procuración y Donación de Órganos señalan que, para ellos, “cada caso es diferente, los equipos siempre se involucran emocionalmente, es imposible no hacerlo. El único interés es cumplir el deseo de un donante para mejorar la calidad de vida de otra persona”.

Una nueva oportunidad

Ruth Parra 3Ruth Parra Medina, chillaneja de 57 años, vive con un riñón que le fue donando el 1° de abril de 2015.

Su diagnóstico, previo a la recepción del órgano, fue “riñón en etapa terminal”, la última fase de la enfermedad renal crónica. Por siete años estuvo día por medio haciéndose diálisis, con sesiones de tres horas y media cada vez.

Al principio, su enfermedad le significó un choque fuertísimo, tanto en lo físico como en lo sicológico. “No podía caminar, comer, me está envenenando con las toxinas que el riñón no podía eliminar”, recuerda. Y agrega que al asistir a su primera diálisis pensó “Yo aquí vengo a morir”. Ya con el tratamiento comenzó a sentirse mejor, y confiesa que en ese momento sus aspiraciones eran modestas: “Mi hija entonces tenía 14 años. Yo solo quería tener un poco más de vida para verla crecer un poquito más”. Su fe le ayudó mucho para seguir adelante, además de la contención de su familia y amistades.

El día que la llamaron para comunicarle que había un riñón disponible para ella, cuenta que quedó “pegada al techo. En realidad, no lo podía creer. Una tiene casi el bolso listo.”, relata con emoción.

Lo más peligroso para un receptor es que su cuerpo rechace el nuevo órgano, o verse afectado por virus y bacterias. Por eso se extreman las precauciones y el monitoreo es acucioso. Sin embargo, Ruth no tuvo mayores complicaciones y, de hecho, su nuevo riñón comenzó a trabajar de inmediato muy bien.

A poco más de un año de su operación, Ruth ha ido normalizando su vida. Siente que, gracias a Dios, tiene una segunda oportunidad para vivir. “Las pequeñas cosas una las agradece, el levantarse en la mañana, el ver el sol, el poder caminar”, confiesa.

¿Por qué donar?

“El donante vivo por ley tiene que ser un pariente directo que tiene el deseo de mejorar a su ser querido. Solo puede donar órganos pares como riñón y trozo de hígado que les permita seguir viviendo normalmente”, informa personal del Hospital de Chillán. Mientras “el donante cadáver puede ser multiorgánico y favorecer hasta 12 personas según las condiciones clínicas que tengan”, indican.

“Yo creo que para cualquiera a quien le fallece alguien, debe resultar difícil resignarse -reflexiona Ruth Parra-, pero yo creo que si a uno Dios le permite dar vida a otro es una tremenda bendición, porque lamentablemente el cuerpo se va a podrir no más, se va a morir y, en cambio, si tú le das vida a otro va a quedar la satisfacción y el gozo de compartir con otro lo que se pudo haber muerto sin pena ni gloria”, recalca.

Algo similar piensa Christian Venegas: “¿De qué nos podrían servir los órganos una vez muertos? ¿Acaso no es mejor que quien fallece entregue vida a alguien que lo necesite? Me parece insólito que familias no respeten el deseo de un miembro que fallece de donar sus órganos”. Y agrega que “gracias a que mi madre nos habló y puso el tema en nuestra mesa, mi hermano y yo somos donantes de órganos y hemos abierto el tema con nuestras respectivas familias”. Y confiesa que, el hecho de autorizar la donación de órganos “es una sensación muy bonita en medio de toda la tristeza que se siente” por el fallecimiento de un familiar cercano.