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Ética y trasplantes  
Aspectos éticos en la donación y trasplantes de órganos y tejidos
Informe Ethos
Centro de Etica. Universidad Alberto Hurtado
Trasplantes y Donación de Organos
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Dr. Diego Gracia Guillén.
Catedrático de Historia de la Medicina.
Director del Master en Bioética de la Universidad Complutense de Madrid.
Director del Instituto de Bioética de la Fundación Ciencias de la Salud
TRASPLANTE DE ÓRGANOS:
MEDIO SIGLO DE REFLEXIÓN ÉTICA
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  • Dr. Juan Antonio Gómez Rubí
    Dr. en Medicina, Jefe de la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital "Virgen de la Arrixaca" de Murcia, España. Master en Bioética y Profesor de la Universidad de Murcia.
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  • Dr. Miguel Kottow
    Oftalmólogo, experto en Bioética, docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.

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  • Dr. Alejandro Serani M.

    Médico Neurólogo, Doctor en Filosofía; Profesor en la Facultad de Medicina y en el Instituto de Filosofía de la Universidad de los Andes, Santiago de Chile.

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La Bioética y los Trasplantes
Nicole Frisk R.
Periodista - Corporación del Trasplante
El termino bioética es introducido en la década de los 70 por un oncólogo norteamericano llamado Van Rensselaer Potter. Según explica el mismo Potter, Bio significa en griego la vida y ética está relacionada con la costumbre de los deberes.

Para poder entender la importancia de la bioética, es necesario conocer el contexto histórico en el cual origina. Durante la primera y sobre todo la segunda mitad del siglo XX, los avances de la medicina, especialmente desde el punto de vista tecnológico, convirtieron al hombre de espectador a manipulador. Las profundas transformaciones tecnológicas de la práctica médica y el desciframiento del código genético junto con una serie de experimentos realizados en seres humanos, bajo normas alejadas a la ética, demostraron la necesidad de regularizar esta situación. Es en este contexto cuando aparecen los derechos de los pacientes y la necesidad de respetarlos en la toma de decisiones.

La Bioética surge como una forma de protección por parte de los biólogos frente a los avances de la medicina. Ellos no quisieron caer en el mismo bochorno ocurrido con la bomba atómica y los experimentos nazis. La bioética, entonces, se convierte en una disciplina que pretende ayudar en la toma de decisiones en forma justa y prudente. Busca responder las siguientes interrogantes: ¿Es todo lo técnicamente posible, éticamente bueno?, ¿Es la técnica siempre buena?, ¿Puede haber conflictos entre el poder técnico y el deber moral?

En este contexto histórico aparecen los principios básicos de la bioética, beneficencia, no maleficencia, autonomía y la justicia con la intención de enfrentar los dilemas éticos de la medicina de la forma más justa y posible.

Según el biotecista español Diego García, “los trasplantes de órganos y la bioética comparten el hecho de que su nacimientos es casi simultaneo y los problemas éticos que han ido planteando la donación y el trasplante de órganos coincidió con los problemas de la Bioética”

Para poder entender mejor esta idea es necesario dividir los problemas éticos que presentan la donación y trasplantes según su desarrollo y época.

Durante la década del 50, el principal dilema ética radicaba en la idea de “mutilación del cuerpo humano” considerando que la extracción se hacía de un donante vivo y sano, a fin de trasplantarlo a otro. ¿Es ético producir una lesión a un sujeto sano a fin de salvar a otro?

Durante la década de los 70 se volvió una realidad la donación de cadáver, esto se debió a la nueva definición de muerte cerebral y las técnicas de soporte vital. Se pretendía solucionar así la escasez de órganos. Esto hizo que, junto al desarrollo de los inmunosupresores cada vez más eficaces y seguros, los trasplantes se convirtieran en un arma poderosísima y terapéutica. La donación es vista como un acto solidario, generoso, altruista, no comerciable.

Durante le década de 80 y 90 el problema ético se centro en la escasez de órganos, la necesidad de desarrollar criterios justos en la distribución, la confección de las listas de espera y la necesidad de crear una organización eficaz para regular todo esto. Un claro ejemplo de ellos es el caso de España. Los trasplantes requerían una compleja estructura organizativa que abarcara un amplio espacio geográfico y equipos especializados., Las preguntas clásicas eran: ¿Cómo distribuir recursos escasos?, ¿Cómo seleccionar o clasificar a los pacientes?

Durante el comienzo de este milenio los problemas éticos radican una vez más en la fase experimental que significan los avances científicos de la ingeniería genética, es decir la clonación, las células madres, los órganos artificiales y los xenotrasplantes. El peligro está en convertir los órganos en productos comercializables como cualquier otro producto sanitario. Esto pondría en peligro la donación altruista y obligaría a elaborar normas completamente nuevas de manejo.

Además existe el real desconocimiento de las implicancias que significa la fase experimental, propias de este período. Hay una urgente necesidad de regular estas investigaciones.

Por lo tanto, a medida que avanzan los trasplantes, es necesario que la bioética camine a la par de este progreso para que no se cometan injusticias y que la solución de dilemas éticos se haga de una manera más prudente, para ayudar a aquellos que necesitan de un órgano para vivir.


Bibliografía

1.- “Ética de los Confines de la Vida”. Diego García, Editorial Búho. Bogotá, Colombia. 1999
2.- “Trasplante de Órganos: Medio Siglo de Reflexión Ética”. Diego García, artículo Revista Nefrología. España, 1998.
3.- “Aspectos Éticos de los Trasplantes de Órganos”. Dra. Rosa Angelina Pace, especialista en Cirugía General, Master en Bioética. Cuadernos del Programa Regional de Bioética. OPS, 1997
4.- Cuadernos de Salud, Títulos. Trasplantes, edita: Consejería de Salud de la Comunidad de Madrid, 1998.

 
Ética y Trasplantes en la actualidad
(Documento publicado en “Artes y Letras” de diario El Mercurio, año 2000)

Dr. Emilio Roessler B.
Nefrólogo
Jefe Medicina Hospital Salvador

El éxito que algunos trasplantes tienen como herramienta terapéutica es un hecho establecido. Es así como los resultados alejados de los trasplantes renales es tan bueno como los resultados del manejo del infarto agudo del miocardio o el exitoso tratamiento de cáncer de mama. Lo anterior no significa que esta terapia esté libre de problemas que sobrepasan aquellos de índole propiamente técnica, que son numerosos. De ellos, los problemas éticos ligados a la obtención de órganos es el más importante. En el trasplante de un órgano par, como el riñón, se puede elegir dos tipos de donantes: donantes vivos voluntarios o donaciones de pacientes en muerte cerebral. En los trasplantes de órganos únicos, como corazón e hígado, obviamente los únicos donantes son estos últimos.

El uso de donantes en muerte cerebral comprobada, tiene sólidas bases éticas fundamentadas en los siguientes hechos:

-Primero, el paciente que ha sufrido muerte cerebral está, irremediablemente, en su rápido proceso que determinará en pocas horas paro cardíaco irrecuperable, hágase lo que se haga y, aún más, si no estuviera en una Unidad de Cuidados Intensivos, habría muerto en el momento de estructurarse su muerte cerebral ya que por definición, ella se acompaña de paro respiratorio. Si se siguen estrictamente los criterios científicos para el diagnóstico de muerte cerebral, es imposible que un neurólogo se equivoque. El seguimiento de más de dos mil pacientes en muerte cerebral, siguiendo los criterios diagnóstico establecidos ha demostrado que nunca un paciente en esas condiciones se ha recuperado. Los casos anecdóticos de pacientes recuperados o que han vivido varios meses supuestamente en dicha condición corresponden a estados vegetativos persistentes y no a muertes cerebrales.

-Segundo: Lo que define la vida humana, en todo lo espiritual que tiene el hombre, es su capacidad de sentir y pensar. Todos los maravillosos sistemas que tiene el hombre están destinados a que el cerebro funcione y que la especie se perpetúe. De lo segundo se puede prescindir por enfermedad o por voluntad, pero el sentido y el pensamiento son inherentes al hombre; aún en condiciones de demencia con pérdida del pensamiento lógico, el tener sensaciones está presente. Es cierto que los médicos mantenemos con vida a pacientes en coma por períodos muy prolongados, pero allí, a diferencia de la muerte cerebral, la muerte no es inminente, hay funciones cerebrales, al menos eléctricas, y muchas veces la patología es potencialmente recuperable en forma parcial. En la muerte cerebral en cambio, sólo existe un corazón latiendo porque hay un respirador oxigenando la sangre y porque se está manteniendo artificialmente, con drogas, una presión arterial mínima que permite oxigenar este corazón. Un corazón manejado en esa forma, pero fuera de una persona también late y nadie lo duda. A la luz de los conocimientos actuales no es el latido cardiaco lo que define la vida sino un cerebro funcionando aun en las mínimas condiciones. Quienes no aceptan esta posición argumentan que en base a estas premisas deberíamos dar muerte a niños anencefálicos o a dementes pero evidentemente eso es una falacia que en base a los criterios de muerte cerebral que defendemos ello no sería posible: el niño anencefálico respira espontáneamente y mantiene una adecuada regulación circulatoria, luego una parte del encéfalo, el tronco, está viva y el demente experimenta sensaciones, mantiene muchas funciones neurológicas y una buena parte de su encéfalo no está irreversiblemente destruido. Ejemplarizamos todo lo anterior para subrayar la idea de que es imposible hacer un uso reñido con la ética y la moral del concepto de muerte cerebral.

Tercero: El tercer elemento a tomar en cuenta en los fundamentos bioéticos del uso de órganos de donantes en muerte cerebral son los principios del “Bien Común” y de “Daño Menor”. Así, existiendo un enfermo en muerte cerebral, en muy poco tiempo sus tejidos entrarán en proceso irreversible de descomposición, el que puede iniciarse incluso antes del paro cardíaco, perdiéndose irreversiblemente un material irremplazable, irreproducible y que a su dueño de nada le sirve. En cambio, existen cientos de seres humanos, los que cumplen con todos los atributos que definen la vida pero, que están muy limitados en su capacidad de vivirla o morirán en un plazo corto. Ellos si que se beneficiarán enormemente recibiendo los órganos o tejidos que estén por perderse. Si se piensa que el material biológico, creado por Dios o la naturaleza, según creencias individuales, realmente nos pertenecen mientras cumplen funciones y después de la muerte está destinado a mantener la vida como material orgánico que se incorpora a otros seres vivos de una u otra forma, al usar este material como un tratamiento, mediante los trasplantes, se está cumpliendo su finalidad última que es mantener la vida, el bien común; los beneficios de la donación son superiores a los daños que pueda producir.

Al lado de las discusiones sobre ética de los trasplantes de cadáver y lo que realmente significa la muerte cerebral, se ha levantado una polémica en torno al consentimiento de una donación.

Nadie discute la legitimidad moral del consentimiento previo a una donación: es el más mínimo respeto a la libertad personal, base de las normas que rigen las sociedades justas. El cómo obtener ese consentimiento es sólo un problema de método si, entiéndase bien, se respeta la libertad de decidir y se garantiza que los sistemas de salud serán de extrema estrictez en el control y el cumplimiento de lo único realmente importante en este tema: que el paciente reúna todos los criterios de muerte cerebral. Si el consentimiento es directo: todos los ciudadanos deciden donar o no el día que puedan estar en muerte cerebral, o indirecto: se presume donante a todo quien no ha señalado explícitamente lo contrario, es poco trascendente si la información entregada a la población y su nivel cultural son adecuados.

En suma. Lo realmente trascendente es que el aceptar donantes en muerte cerebral es ético; si la forma de consentimiento es explícita o presunta dependerá de las costumbres y cultura de cada país. En el nuestro, se dan las condiciones que el tema se está debatiendo desde hace 13 años y en forma masiva en los últimos cuatro. Es poco probable que la población no tenga una adecuada información y aquella que no la tienen en general vive lejos de sitios en los que se hace procuramiento por lo cual es difícil que se enfrente a una extracción sin haber sido informada.
Al lado de todas estas posibilidades que solo son hipotéticas, hay una terrible realidad: un gran número de nuestros compatriotas están muy limitados en su vida, muchos de ellos sufriendo por años y otros cerca de la muerte.

En ellos un trasplante actuaría con la misma fuerza que un milagro: en general actúa con la misma fuerza que un milagro: revirtiendo lo irreversible. No obstante, ello no ha ocurrido, pues nuestra sociedad lleva más de una década discutiendo las formas y no el fondo del problema.

 
 
 
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