Historia de los Trasplantes Renales efectuados en el Hospital Dr. Gustavo Fricke en el siglo XX
Dr. Jorge Vega Stieb.
Servicio de Medicina, Sección Nefrología, Hospital Dr. Gustavo Fricke, Viña del Mar.
Departamento de Medicina, Escuela de Medicina, Universidad de Valparaíso.
Este año 2011 se cumplieron 30 años del primer trasplante renal (TxR) efectuado en el Hospital Dr. Gustavo Fricke (HGF), lo que estimo constituye una buena razón para contar la historia de los albores de esta actividad y dejarla registrada en el Boletín del Hospital Viña del Mar, lugar donde ha ido quedando escrita la historia de nuestro Hospital desde sus primeros ejemplares.
El primer hecho relevante y que fue fundamental para el desarrollo de un programa de TxR en el establecimiento, fue la llegada al hospital como Jefe del Servicio de Medicina del Dr. Hernán Aguirre Julio en Agosto de 1979. El Dr. H. Aguirre había trabajado por muchos años como nefrólogo en el Hospital Enrique Deformes (donde actualmente está ubicado el Congreso Nacional) y en el Hospital Naval Almirante Nef de Valparaíso (ubicado entonces en Playa Ancha). El Dr. Hernán Aguirre fue uno de los pioneros en la nefrología chilena y local. Hizo su formación como nefrólogo en la ciudad de Seattle (USA) en el servicio del Dr. Belding H. Scribner, quien fue pionero en el mundo en utilizar la hemodiálisis como tratamiento en los pacientes con falla renal crónica. Posterior a su regreso a Chile, el Dr. Aguirre implementó la hemodiálisis crónica (HDC) en los hospitales Naval y Deformes, creó una fábrica de riñones artificiales en asociación con ingenieros de la Universidad Técnica Federico Santa María -con la que dotó a las unidades de diálisis de ambos hospitales, permitiendo beneficiarse de dicho tratamiento a numerosos enfermos con falla renal aguda y crónica, que de otra manera hubieran fallecido; dictó las clases de nefrología en el curso de medicina interna de la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile (sede Valparaíso) motivando a algunos de sus alumnos para seguir la especialidad, publicó un valioso manual de manejo de trastornos hidro-electrolíticos (que tuvo una amplia difusión y prestigio entre los estudiantes de medicina y médicos jóvenes), creó un centro de diálisis privado para aumentar la cobertura del procedimiento a los pacientes con falla renal crónica e inició los trasplantes renales en la zona (en el Hospital Naval de Valparaíso).
El primer trasplante renal de la Región de Valparaíso se efectuó el 5 de Agosto de 1968 y lo recibió un trabajador ferroviario, paciente del Hospital Enrique Deformes, siendo su donante una hermana. Este trasplante renal, efectuado solo 2 meses después del primer
trasplante cardíaco realizado en el Hospital Naval por el Dr. Jorge Kaplán Meyer, tuvo una larga evolución (14 años). Posterior a este TxR se efectuaron 15 injertos renales en el Hospital Naval entre 1976 y 1981 y sus receptores fueron pacientes beneficiarios del Servicio Nacional de Salud que se dializaban en el Hospital Enrique Deformes, beneficiarios del Hospital Naval y algunos funcionarios de universidades locales. También se trasplantó una paciente boliviana, que viajó desde su país atraída por la súbita fama que alcanzó el Dr. Jorge Kaplán con los trasplantes cardíacos, teniendo una larga y exitosa evolución de su TxR.
Un segundo hecho relevante fue la llegada en Septiembre de 1979 al Servicio de Medicina del HGF del Dr. Hernán Borja Rebolledo, quién al terminar su beca de formación en medicina interna en la Universidad de Chile (sede Valparaíso) se formó en la subespecialidad de nefrología en el hospital Enrique Deformes bajo el alero del Dr. H. Aguirre, quién lo entusiasmó para venirse con él al hospital y formar una unidad de nefrología. En ese tiempo, el Servicio de Medicina del HGF era un servicio indiferenciado y solo tenían un mayor nivel de desarrollo las subespecialidades de cardiología y gastroenterología.
Un tercer hecho relevante fue la creación en el hospital por iniciativa del Dr. Aguirre y el Dr. Borja de una Unidad de Hemodiálisis, la que además de tratar a los pacientes con falla renal crónica de la zona, permitió el manejo en el hospital de los pacientes con falla renal aguda, quienes previo a ello eran derivados al Hospital Deformes. Vecino a la Unidad de Hemodiálisis se habilitó también una sala de 4 camas dedicada a los pacientes aquejados de insuficiencia renal (llamada entonces “sala metabólica”) donde se implementó la técnica de la diálisis peritoneal intermitente y la diálisis peritoneal para pacientes con insuficiencia renal aguda. Ello permitió capacitar a numerosos miembros del personal de enfermería en dicha técnica.
Un cuarto hecho relevante fue la existencia de un servicio de urología pujante, integrado por los doctores Jorge Cariola Sutter (quién participó previamente en los primeros trasplantes renales efectuados en el Hospital Naval) y un grupo de jóvenes y hábiles urólogos integrado por los doctores Oscar Santis Latorre, Mauricio Lira Lueje y Rolando Peirano Campos, deseosos de iniciar la actividad de trasplante en el Hospital Gustavo Fricke, actividad en la que habían participado durante su especialización en urología en el Hospital Carlos Van Buren de Valparaíso.
Un quinto hecho relevante fue la creación de lo que se convertiría en definitiva en la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital, entonces al alero del Servicio de Medicina, dirigida por el Dr. Eduardo Bastías Guzmán y en la que progresivamente se integraron los doctores Hernán Borja Rebolledo, Jorge Vega Stieb y Christian Videla Oyarzún, médicos que conformaron el grupo original de nefrólogos del establecimiento. El contar con una UCI hizo posible el manejo seguro de los pacientes trasplantados en su post operatorio inmediato.
Los logros anteriormente mencionados permitieron que la etapa siguiente en el desarrollo nefrológico del hospital fuera la realización de trasplantes renales.
Período 1981- 1985. Los primeros 5 años de la actividad de trasplante renal...
El primer trasplante renal efectuado en el hospital ocurrió un 2 de marzo de 1981. El receptor fue un paciente argentino de 50 años, portador de una insuficiencia renal crónica secundaria a riñones poliquísticos y su donante fue un amigo. Este enfermo estaba infectado con el virus B de la hepatitis y desarrolló un daño hepático de rápida evolución que le costó la vida 16 meses después de la intervención.
En los meses siguientes de 1981 se efectuaron 6 TxR: 4 con donante vivo (DV) y 2 con un donante cadáver (DC). Los 4 pacientes que recibieron los injertos de donantes vivos egresaron del hospital con injertos funcionantes los que tuvieron una duración entre 9 y 193 meses. Los 3 primeros injertos se perdieron a causa de una nefropatía crónica del injerto (antes llamado “rechazo crónico”). Dos de estos pacientes regresaron a diálisis crónica y el restante prefirió morirse a volverse a dializar. El sujeto restante falleció a causa de un cáncer gástrico que originó una carcinomatosis peritoneal falleciendo con un riñón funcionante. Los 2 pacientes que recibieron un injerto desde un mismo donante cadáver, que fue procurado en el hospital, tuvieron un destino trágico. Una de ellas falleció en el postoperatorio inmediato de hiperkalemia y la otra sufrió una gangrena del lecho operatorio por una infección micótica obligando a extirpar el injerto, falleciendo en shock séptico días más tarde. Este desgraciado suceso produjo un desánimo en el equipo de trasplante que afortunadamente fue transitorio.
En 1982 se efectuaron solo 3 TxR, 2 con DC y 1 con DV. Uno de ellos nunca funcionó, debiendo el paciente continuar en hemodiálisis crónica. Los otros 2 sujetos egresaron con un injerto funcionante y tuvieron destinos diferentes. Uno falleció de una peritonitis por perforación espontánea del ciego a los 8 meses del TxR y el otro tuvo una larga evolución, manteniendo un injerto funcionante por 32 años, falleciendo de una enfermedad metastásica originada en un cáncer de piel. Ese año, el Dr. Hernán Borja efectuó una pasantía de varios meses en la Unidad de Trasplante del Hospital das Clínicas de la Universidad de Sao Paulo en Brasil.
En 1983 se realizaron 5 TxR, 3 con DV y 2 con DC. De los 3 pacientes que recibieron un injerto de un DV, 2 egresaron con un riñón funcionante, los que permanecieron en función por 36 y 198 meses, volviendo a diálisis al agotarse su función. En el paciente restante el injerto nunca funcionó debiendo continuar en HDC. Las 2 pacientes que recibieron un injerto de DC tuvieron una evolución insatisfactoria. En una, el riñón nunca funcionó y en la otra el funcionamiento duró solo 8 meses. Ambas continuaron en HDC. A fines de ese año el Dr. Oscar
Santis y el Dr. Hernán Borja asistieron a un Curso Internacional de Trasplante Renal organizado por la Cátedra de Urología de la Universidad Central y el Hospital Clínico de Barcelona. El Dr. Santis asistió a algunas demostraciones de cirugía de trasplante, particularmente de la modalidad ortotópica (colocación del injerto en la posición habitual del riñón usando la vía urinaria del receptor), técnica que utilizó en el HGF en algunos trasplantes posteriores.
En 1984 el número de trasplantes efectuados aumentó a diez, 9 desde un DV y 1 de DC. Ese año se realizó por primera vez un TxR infantil (una niña de 15 años) y también uno entre esposos (la esposa fue la donante). De los pacientes adultos, 1 paciente conserva aún la función de su riñón (324 meses), 5 sujetos regresaron a HDC después de una duración de sus injertos entre 36 y 242 meses y 3 pacientes murieron con un riñón funcionante 12, 57 y 87 meses después del TxR. Las causas de sus fallecimientos fueron edema pulmonar agudo cardiogénico, caquexia por un síndrome de mala absorción asociado a gamopatía monoclonal de significado incierto y sepsis como complicación de una biopsia renal quirúrgica.
En 1985 el número de trasplantes anuales aumentó a 18, provinieron de un DV 15 y de un DC 3. Este año se efectuó el segundo TxR infantil (un niño de 16 años). De las mujeres trasplantadas, una de ellas intervenida a los 24 años tuvo 2 embarazos con partos exitosos a los 6 y 7 años del TxR. A esta fecha ninguno de estos injertos está funcionando. Diez pacientes fallecieron con un riñón funcionante entre los meses 1 y 223 post TxR, siendo sus causas de muerte: hemorragia cerebral hipertensiva, sepsis por infección de un hematoma retroperitoneal espontáneo, neumonía, muerte súbita, sepsis por infección de una fístula arteriovenosa, tuberculosis pulmonar cavitaria asociada a un linfoma no Hodgkin en un paciente alcohólico, cirrosis hepática por alcohol, cáncer del piso de la boca, sepsis como complicación de quimioterapia por un linfoma No Hodgkin y cirrosis hepática por infección por virus C, respectivamente. Los otros 8 pacientes adultos que volvieron a HDC por deterioro de sus injertos lo hicieron entre los 5 y 216 meses de haber sido trasplantados.
El esquema inmunosupresor inicialmente utilizado en todos los pacientes fue azatioprina y prednisona (el único disponible en esa época). Durante la evolución del TxR, en 10 (24,4%) pacientes posteriormente se modificó su esquema inmunosupresor y recibieron ciclosporina y 1 recibió micofenolato. El 90% de los pacientes trasplantados durante el lustro recibió al menos en una ocasión terapia anti-rechazo con esteroides en altas dosis y en 7 de los trasplantados el injerto se puso en localización ortotópica (todos con donantes vivos).
Los urólogos que participaron mayoritariamente en los TxR de este período fueron los Dres. Oscar Santis, Mauricio Lira Luje, Rolando Peirano Campos, Jorge Cariola Sutter y el cirujano cardiovascular Dr. Carlos Orfali Bejer. Como ayudantes participaron ocasionalmente los cirujanos Dres. Jorge Kaplán Meyer, Saúl Zúñiga, Claudio MacLean y Guido Espinoza (urólogo del hospital de Quillota). Los anestesistas que intervinieron en el manejo intraoperatorio de los receptores de los injertos fueron siempre los Drs. María Eugenia Escobar
y Juan Reyes. Los nefrólogos que manejaron el postoperatorio y el seguimiento posterior de los receptores fueron los Dres. Hernán Aguirre Julio, Hernán Borja Rebolledo, Christian Videla Oyarzún y Jorge Vega Stieb. Los 2 últimos se incorporaron al equipo nefrológico en 1981 y 1984, respectivamente.
En 1985 se implementó un policlínico específico para la atención de los pacientes trasplantados renales durante su primer año de evolución, el que desde hace 26 años funciona ininterrumpidamente los días jueves en la mañana. Este policlínico se hacía con la participación conjunta de los 3 nefrólogos existentes ese año (HB, CV y JV), lo que permitía que todos tuvieran el mismo grado de conocimiento de la evolución de cada uno de los enfermos, se discutieran y consensuaran las decisiones diagnósticas y terapéuticas, se compartiera la información adquirida mediante el estudio personal y se impartiera docencia a internos y becados de la Escuela de Medicina de la Universidad de Valparaíso. También este policlínico ha servido para que los pacientes tengan un lugar de encuentro entre ellos (formaron una agrupación para ayudarse entre ellos) y para que tengan un lugar de contacto con los nefrólogos. En este policlínico se implementó un registro paralelo al de las historias clínicas de la evolución de los pacientes, el cual se comenzó a utilizar para la investigación clínica, dando origen a numerosas presentaciones a congresos de la especialidad como a publicaciones en revistas, tanto nacionales como internacionales (Ver Anexo). Ello permitió que el equipo de trasplante del Hospital se hiciera muy conocido a nivel nacional en la comunidad trasplantológica, a tal punto que uno de los más destacados nefrólogos trasplantólogos del país, en un congreso de nefrología afirmó “que si él tuviera que trasplantarse, lo haría en el Hospital de Viña, dados sus buenos resultados”. En total, durante este primer período se trasplantaron 41 adultos y 2 niños.
Período 1986 - 1990. Años 6 al 10 de la historia…
Durante este período hubo 47 TxR, 33 (70,2%) con un DV y 14 (29,8%) con un DC.
En 1986 se efectuaron 9 TxR, 2 de los cuales nunca funcionaron (1 con DV). De estos 2 pacientes uno falleció en el postoperatorio inmediato de un shock cardiogénico y el otro continuó en HDC. De los 7 injertos que resultaron, actualmente hay 1 funcionante por más de 24 años. Los otros 6 se perdieron con el tiempo, uno por muerte del paciente con riñón funcionante debido a una sepsis urinaria a los 290 meses (24 años) y los 5 restantes regresaron a diálisis crónica entre 14 y 174 meses posterior al TxR. Uno de estos pacientes recibió su segundo TxR durante este año, el cual perdió secundariamente por la recurrencia de un síndrome hemolítico urémico (SHU), que fue la causa de pérdida de sus riñones primitivos.
En 1987 se realizaron 8 TxR, de los cuales 1 nunca funcionó (DC). De los 7 restantes aún hay uno funcionante (más de 23 años) en una mujer que recibió un riñón de un donante vivo no relacionado y que un par de años después de la operación tuvo un embarazo exitoso,
constituyendo el primer parto después de un trasplante en nuestro hospital. Los otros 6 pacientes volvieron a HDC entre 12 y 112 meses después del TxR. Uno de ellos recibió su tercer TxR durante el período y lo perdió nuevamente por un SHU recurrente.
En 1988 se efectuaron 10 TxR, 2 de los cuales nunca funcionaron (ambos de DC). De los 8 pacientes que egresaron con riñones funcionantes, 3 conservan aún su injerto 23 años después de la intervención. Una de estas pacientes fue sometida a un TxR durante el primer trimestre de un embarazo gemelar, cuyo donante fue una hermana dispuesta a intentar salvar a sus sobrinos. Este injerto debió ubicarse en el sitio donde existía el riñón izquierdo, utilizando la propia vía urinaria de la paciente (trasplante ortotópico), ya que el tamaño del embarazo impedía utilizar la localización habitual. El TxR fue exitoso y la paciente continuó con su embarazo hospitalizada. Durante un fin de semana, en que se la autorizó a salir del hospital y volver a su casa dada su buena evolución, la actividad física inhabitual produjo la aparición de contracciones uterinas que desgraciadamente culminaron en un parto prematuro con 2 RN de alrededor de 900 gramos c/u que requirieron de ventilación mecánica. Ello no les fue otorgado al no haber disponibilidad de respiradores en el hospital en ese momento y no autorizarse su traslado a un centro privado. Los RN fallecieron horas después. En la literatura mundial no hay ningún caso semejante comunicado. Cuatro pacientes regresaron a HDC después de sufrir deterioro de sus injertos entre 15 y 195 meses después del TxR y 1 paciente falleció con un riñón funcionante a los 106 meses debido a una trombosis mesentérica masiva.
En 1989 se realizaron 12 TxR y todos ellos funcionaron. A esta fecha (31 Diciembre del 2010) tres pacientes mantienen sus injertos funcionantes (21 años), 6 regresaron a HDC entre 3 y 256 meses después del TxR y 3 fallecieron con injertos funcionantes 3, 38 y 126 meses después de la operación (neumonía, sepsis, cáncer gástrico).
En 1990 se efectuaron 8 trasplantes. Uno de ellos se efectuó en una mujer de 23 años diabética tipo 1, ciega, cuyo donante fue su madre. Este fue el primer TxR efectuado en un diabético juvenil en el hospital. Otro de los TxR se efectuó en un paciente de Los Vilos, desde donde tenía que viajar 3 veces por semana a dializarse, con un gran esfuerzo. Afortunadamente un sobrino se ofreció de donante, permitiéndole vivir durante alrededor de 8 años sin diálisis. Desgraciadamente en un invierno, durante una epidemia de influenza el paciente se complicó de una neumonía y falleció en forma fulminante en su lugar de residencia. Otro de los pacientes trasplantados este año fue un español, panificador, quién recibió un injerto desde su esposa. Años después del TxR regresó a España donde vive en la actualidad. El fue padre por primera vez después del TxR. A esta fecha 3 pacientes mantienen sus injertos en funciones, 2 sujetos fallecieron con riñón funcionantes debido a neumonía y pancreatitis aguda biliar, 92 y 135 meses después del TxR y 3 regresaron a HDC entre 20 y 120 meses después de la operación.
En estos 5 años solo se efectuó 1 TxR infantil. La receptora fue una niña de 16 años, de origen mapuche que tenía un déficit intelectual con una edad mental de unos 5 años y un tamaño
corporal pequeño, como un niño de 8 años. La insistencia de su familia en que fuera trasplantada, la disponibilidad de una donante (tía materna), la lejanía de su domicilio respecto al centro de diálisis, sus precarias condiciones económicas y las grandes dificultades con los accesos vasculares para diálisis (dado su tamaño reducido) hicieron que el equipo aceptara efectuar el TxR. Este injerto duró en funciones 46 meses y se perdió por un deterioro crónico originado en una adherencia irregular a los inmunosupresores. A pesar de ello, la paciente permaneció muchos años en diálisis viviendo mas de 30 años. En este lustro hubo 5 TxR provenientes de donantes no relacionados genéticamente (4 amigos y 1 esposa). La evolución de estos pacientes fue excelente, habiendo hoy 3 injertos funcionando. Los 2 restantes volvieron a diálisis crónica 95 y 174 meses después de haber sido trasplantados.
La inmunosupresión empleada en la mayoría de los pacientes de este período fue la terapia clásica (azatioprina + corticoides) sin embargo en 13 pacientes (27,6%) se agregó a ese esquema ciclosporina, droga muy eficaz pero de muy alto costo que el hospital no financiaba. La razón de su incorporación en algunos pacientes fue el tratarse de TxR de alto riesgo inmunológico (donantes no relacionados, trasplantes previos, donantes relacionados distantes, etc.). Durante la evolución del TxR en 7 pacientes se modificó la inmunosupresión recibiendo micofenolato mofetil en su esquema inmunosupresor. Treinta y seis pacientes (76,6%) fueron tratados durante el lustro por un rechazo agudo con altas dosis de corticoides. Cuatro de ellos (3 de un DV) ante la resistencia del rechazo a este tratamiento recibieron anticuerpos antilinfocíticos (terapia de altísimo costo) con buena respuesta terapéutica salvándose todos los injertos.
Los urólogos que efectuaron los TxR durante este período fueron mayoritariamente los Drs. Oscar Santis, Mauricio Lira, Jorge Cariola, Rolando Peirano y Norman MacMillan. Como ayudantes participaron ocasionalmente los Drs. Alejo Chavez (cirujano vascular), Claudio MacLean (cirujano), Ernesto Aránguiz (cirujano cardiovascular), Juan José de la Torre (gineco-obstetra), Nelson Morales (cirujano), Guido Espinoza (urólogo), Gabriel Zamora y José Mena (cirujanos infantiles). Los anestesiólogos que participaron mayoritariamente en las operaciones fueron los Drs. María Eugenia Escobar, Juan Reyes, Ana María Aguirre y Ana María Sotomayor. También participaron algunas veces los Drs. Oneglio Pedemonte y Lorenzo Merello. Los nefrólogos a cargo de los pacientes trasplantados durante el período fueron los Drs. Hernán Borja, Christian Videla y Jorge Vega.
Período 1991- 1995. Entre los años 11 y 15 de la historia...
Durante este período hubo 57 TxR, 27 (47,4%) con un DV y 30 (52,6%) con un DC. De los donantes vivos 4 fueron donantes no relacionados genéticamente.
En 1991 se efectuaron 4 TxR y todos ellos fueron exitosos. Dos de ellos fueron adolescentes de 16 y 17 años. A la fecha ninguno de esos injertos está funcionando y todos los pacientes reingresaron a diálisis crónica después entre 37 y 216 meses del TxR. El paciente a quién el injerto le duró solo 37 meses, fue un adolescente con un trastorno de personalidad severo, que lo perdió por un rechazo agudo violento, originado en el abandono de la terapia inmunosupresora como maniobra para molestar a su madre (que fue su donante).
En 1992 se efectuaron 10 TxR de los cuales 9 funcionaron. Uno de ellos se efectuó en un paciente de 49 años que llevaba 20 años en HDC, la cual se efectuaba personalmente y sin ayuda de nadie en su domicilio, con una máquina a la cual le introducía modificaciones tecnológicas de auto-invención. Su trasplante le duró 8 años y regresó a HDC, esta vez a un centro de diálisis, resignándose ante los progresos en la tecnología que superaban la propia y que le permitirían una diálisis de mejor eficiencia y seguridad. Fue un caso notable de espíritu de sobrevivencia y ganas de vivir que produjo sentimientos de admiración en el equipo de trasplante. El era hijastro de uno de los médicos más antiguos y apreciados del servicio de medicina del hospital. A esta fecha probablemente 1 de los TxR aún funciona (la paciente se fue a vivir a Argentina), 6 regresaron a HDC y 2 fallecieron con un injerto funcionante (infarto agudo al miocardio y cirrosis hepática asociada a un linfoma no Hodgkin).
En 1993 se efectuaron 10 TxR, 5 de DV y 5 de DC. De ellos 2 no funcionaron (ambos de DC). De los 8 funcionantes, 2 fueron efectuados entre esposos (la mujer fue la donante en ambos) y 2 correspondieron a segundos trasplantes. A la fecha 4 de estos injertos están aún en funciones. Una de estas pacientes, a los pocos años del TxR presentó un cuadro conductual bizarro que fue el primer signo de complicación de un aneurisma cerebral que culminó con una hemorragia subaracnoidea, siendo intervenida y quedando afortunadamente sin secuelas. Años después se embarazó y tuvo un parto normal. Dos pacientes fallecieron con un riñón funcionante a los 158 y 176 meses del TxR (neumonía y sepsis) y 2 perdieron sus injertos regresando a HDC a los 90 y 132 meses de la operación.
En 1994 se efectuaron 20 TxR y de ellos 19 funcionaron. El primero de la serie se efectuó en un niño de 14 años que solo alcanzó a estar 7 meses en HDC. Durante las diálisis el niño gritaba constantemente que no quería estar allí, lo cual era una pesadilla para el personal de diálisis y sus compañeros de turno. Afortunadamente para todos, su padre actuó como donante y este TxR está funcionando en perfectas condiciones hasta la fecha. Otro de los TxR memorables se efectuó en una mujer de 28 años, proveniente de una ciudad del norte chico, quién a pocos días de ingresar a HDC sufrió una disección aórtica con insuficiencia valvular aórtica severa, debiéndose efectuar de urgencia en el hospital un recambio de la aorta torácica y de la válvula homónima. Ella fue referida desde el norte a Santiago y desde allí al HGF para ser intervenida por el Dr. Jorge Kaplán, quién realizó la operación exitosamente, permitiendo que posteriormente fuera trasplantada de riñón. Este injerto funcionó durante casi 17 años,
falleciendo la paciente de una nueva disección aórtica en su ciudad de origen. Otro paciente memorable fue una mujer de 32 años que recibió su segundo TxR durante este período. Al cuarto año del TxR se embarazó, tuvo un parto normal pero desgraciadamente sufrió una pancreatitis aguda severa durante el puerperio y murió por las complicaciones de la misma. Un hecho curioso ocurrió con una chica de 20 años que se embarazó poco después de su TxR obteniendo un hijo normal. Ella tuvo la mala idea de ponerle a su hijo todos los nombres de su nefrólogo tratante, lo originó que a éste último le hicieran bromas por mucho tiempo. A la fecha, de los 19 TxR exitosos, 6 están en funciones, 3 pacientes regresaron a HDC entre 48 y 165 meses del TxR y 10 se perdieron por fallecimiento de los pacientes con un injerto funcionante. Las causas de muerte fueron: sepsis, neumonía, accidente vascular cerebral, IAM, disección aórtica, pancreatitis aguda, cáncer hepático, colitis pseudomebranosa y falla hepática fulminante de origen incierto.
En 1995 se efectuaron 13 TxR y todos funcionaron. De estos receptores, 2 posteriormente fueron madres de hijos normales. En este periodo se trasplantaron 2 pacientes cuya etiología de su nefropatía fue un lupus eritematoso sistémico. A la fecha 7 están funcionando, 1 se perdió por un rechazo crónico, volviendo su receptora a HDC después de 145 meses de funcionamiento de su injerto y 5 se perdieron por muerte de sus receptores, estando los injertos funcionando. Las causas de muerte en ellos fueron neumonía, sepsis, insuficiencia cardíaca y cáncer generalizado.
Durante este período a prácticamente todos los pacientes se les indicó como inmunosupresión inicial un esquema triasociado basado en ciclosporina, azatioprina y prednisona. La forma de conseguir que el hospital les comprara la ciclosporina a todos los pacientes (cosa que hacían solo algunos centros de trasplante del sistema público) fue utilizar una triquiñuela farmacológica. El ketoconazol, droga antimicótica de bajo costo permite interferir en el metabolismo de la ciclosporina, retardando su catabolismo. De esta forma, con la cantidad de ciclosporina empleada normalmente en un paciente, al adicionar ketoconazol, esta permite tratar a 5 y hasta 10 enfermos, obteniendo niveles sanguíneos de la droga en rango terapéutico. Esta maniobra farmacológica, empleada previamente por el Dr. Eduardo Becerra en los trasplantados cardíacos del hospital, fue implementada en los trasplantados renales por iniciativa del Dr. Christian Videla lo que permitió mejorar la inmunosupresión, disminuyendo el número de rechazos agudos y ahorrando dinero en la compra de anticuerpos antilinfocíticos para el tratamiento de los rechazos corticoresistentes. Durante el período solo el 50,9% recibió alguna vez terapia antirechazo durante la evolución de su TxR. Con los años, algunos de los pacientes trasplantados durante este período modificaron su esquema inmunosupresor, incorporando nuevas drogas como tacrolimus, micofenolato y rapamicina.
Durante este lustro no se efectuaron nuevos trasplantes ortotópicos, ya que el equipo comprobó que esta técnica tenía más complicaciones que la tradicional.
Los urólogos que participaron en los TxR durante este lustro fueron los Drs. Oscar Santis, Mauricio Lira, Rolando Peirano, Norman MacMillan y el cirujano infantil Dr. José Mena. Como ayudantes participaron Armando Cruzat, Gabriel Zamora, Álvaro Zapico y otros. Los anestesiólogos que participaron en todas estas operaciones fueron las Dras. Ana María Sotomayor, Ana María Aguirre. Los nefrólogos a cargo de los pacientes fueron los Drs. Hernán Borja, Christian Videla, Jorge Vega y Elisa Gutiérrez (nefróloga infantil).
Un hecho digno de destacar es que la mayoría de los TxR con DC se efectuaron en horario no hábil, mayoritariamente durante las noches, lo que ameritaba la vigilia de los integrantes del equipo sin desmedro del cansancio de la labor del día anterior y de la necesidad de seguir trabajando al día siguiente. En una ocasión, el jefe del equipo de urología mientras regresaba a su casa en la madrugada, después de haber efectuado un TxR durante la noche, al traspasar con su automóvil un cruce ferroviario que existía cerca del hospital (cuyo vigilante se había dormido sin bajar las barreras de protección) se encontró con un tren, el cual lo arrastró centenares de metros, dejando su auto completamente destruido. Afortunadamente (y por qué no decir milagrosamente) el urólogo salió ileso. En los días siguientes recibió numerosos espaldarazos de colegas y del personal, que lo felicitaban por continuar vivo. Dios quiso que así fuera y pudiera continuar esta historia.
Período 1996 - 2000. Entre los años 16 y 20 de la historia...
Durante estos 5 últimos años del siglo 20 se efectuaron 63 TxR, 51 provenientes de DC (81%) y 12 de DV (19%). Ocho de los receptores fueron niños entre 4 y 16 años. Este fue el período de la historia de los trasplantes del hospital en que se operó a un mayor número de niños. En los años siguientes esta actividad se concentró en hospitales infantiles de Santiago por decisión de las autoridades de salud de la época y se dejó de efectuar en el hospital. En total se alcanzaron a realizar 14 trasplantes infantiles en el hospital, con muy buenos resultados. Ellos serán comunicados próximamente en un artículo sobre la historia de los trasplantes renales infantiles del Hospital Dr. Gustavo Fricke en este Boletín.
En 1996 se realizaron 15 TxR, de los cuales 14 fueron exitosos (un injerto con un DV nunca funcionó). Nueve provinieron de DC y 6 de DV relacionados. Uno de los adultos fue el segundo miembro de una misma familia trasplantado en el hospital. Dos de los receptores fueron niños de 5 y 10 años. La más pequeña era portadora de una enfermedad renal poliquística infantil, patología muy rara y su donante fue la madre. A la fecha de los 12 adultos trasplantados con éxito, 5 pacientes continúan con sus injertos funcionantes, 3 regresaron a HDC entre 13 y 146 meses del TxR y 4 fallecieron con un riñón funcionante. Las causas de muerte de estos 4 pacientes fueron: infarto miocárdico, sepsis, insuficiencia hepática fulminante de causa no precisada y un paro cardíaco ocurrido durante una pleurocentesis por un derrame pleural.
En 1997 se efectuaron 16 TxR y todos ellos funcionaron. Diez provinieron de un DC y 6 de un DV. Tres fueron niños de 4, 9 y 16 años. A la fecha, de los 13 adultos, 9 pacientes continúan con sus injertos funcionantes, ninguno volvió a HDC y 4 fallecieron con un riñón funcionante. Sus causas de muerte fueron: pancreatitis aguda biliar, diarrea crónica, infarto miocárdico y cáncer metastático originado en los senos paranasales.
En 1998 también se efectuaron 16 TxR, 15 de los cuales provinieron de DC y uno de DV. Todos ellos funcionaron. Dos de los receptores fueron niños de 11 y 12 años. La niña, pocos años después y entrando en la adolescencia tuvo un embarazo precoz dando a luz una niña normal. A esta fecha de los 14 adultos, 11 tienen sus injertos funcionantes y 3 fallecieron con función renal preservada. Uno de ellos recibió su segundo TxR en este período. La causa de muerte en los 3 pacientes fue una sepsis.
En 1999 solo se efectuaron 8 trasplantes, todos provenientes de un DC. Uno de estos pacientes falleció en el postoperatorio de una fasciitis necrotizante con un riñón funcionante. Otra de las pacientes, que estuvo 10 años en HDC, poco tiempo después del trasplante se embarazó y tuvo a una hija en buenas condiciones. A esta fecha, 5 sujetos mantienen su injerto funcionante, 1 regresó a HDC y el restante falleció de una sepsis. No hubo injertos en niños durante este año.
En el año 2000, último año del siglo XX, se efectuaron también 8 TxR que provinieron exclusivamente de DC. Uno de estos pacientes falleció en el postoperatorio de una sepsis. De los 7 restantes, 5 pacientes están actualmente con sus riñones funcionando, 1 lo perdió por un rechazo por mala adherencia a los inmunosupresores regresando a HDC y la restante falleció de una sepsis a los 63 meses del TxR. Esta última enferma estuvo más de 7 años en HDC presentando durante estos años una alteración del metabolismo óseo con calcificaciones de gran tamaño en los tejidos blandos (glúteos, muslos, codos y válvulas cardíacas). Inmediatamente después del TxR hubo una rápida reducción de estas masas calcáreas hasta desaparecer en los meses siguientes, salvo la calcificación de las válvulas cardiacas. Ambas debieron ser cambiadas 5 años después del trasplante por una estenosis aórtica sintomática, con buena evolución postoperatoria.
La inmunosupresión habitualmente utilizada durante este lustro fue una terapia triasociada con ciclosporina, azatioprina y prednisona, sin embargo a fines de este siglo comenzó a reemplazarse la azatioprina por micofenolato. Posteriormente, durante la evolución del injerto, en varios pacientes la terapia se modificó incorporando tacrolimus en vez de ciclosporina, micofenolato en vez de azatioprina y rapamicina o everolimus en vez de ciclosporina. Durante este período solo un tercio de los pacientes fue tratado por un rechazo agudo.
Los urólogos que participaron mayoritariamente en los TxR de este período fueron los Drs. Oscar Santis, Mauricio Lira, Norman MacMillan y Rolando Peirano. También participó frecuentemente el cirujano infantil José Mena del Valle. Como ayudantes participaron ocasionalmente Andrés Giacaman, Claudio Espinoza (urólogos) y Manuel Novajas (cirujano cardiovascular). Los anestesiólogos que participaron en la mayoría de los TxR del período fueron las Dras. Ana María Sotomayor y Ana María Aguirre y con menor frecuencia los Drs. Lorenzo Merello, Patricio Torrejón, Leonardo Flanagan, Vera Ihl, Marcus y otros. Los nefrólogos que manejaron el postoperatorio y el seguimiento posterior de los receptores fueron los Drs. Hernán Borja, Christian Videla Oyarzún, Jorge Vega Stieb, Elisa Gutiérrez Unda (nefrólogo infantil), René Clavero Sánchez y Tatiana Aldunate León. Un rol importante en el funcionamiento del policlínico de trasplante renal durante muchos años lo tuvo la Sra. Georgina Rodríguez, auxiliar paramédico, quién se encargó en forma casi maternal de atender y solucionar todos los problemas que se les producían a los pacientes en su relación con el hospital (laboratorio, farmacia, etc.) y de coordinar los controles con sus médicos ante situaciones imprevistas.
Las etiologías de la insuficiencia renal en los pacientes trasplantados en estos 20 años fueron: glomerulonefritis crónica, causa desconocida, riñones poliquísticos, nefroesclerosis, pielonefritis crónica, falla renal post-parto, síndrome de Alport, hipertensión maligna, nefronoptisis, nefritis lúpica, uropatía obstructiva, vejiga neurogénica, reflujo vesicoureteral y nefropatía diabética.
En suma, en el siglo 20 se efectuaron 210 TxR en el Hospital Dr. Gustavo Fricke, 14 de los cuales los recibieron niños. Ciento cinco (50%) riñones fueron obtenidos de un DC e igual número de un DV. Hubo un paciente que fue trasplantado en 3 oportunidades y 7 pacientes que lo fueron en 2 ocasiones. En los injertos que funcionaron, la sobrevida de los “receptores” de un TxR desde un donante vivo a 1, 3, 5 y 10 años fue de 100%, 100%, 100% y 100% en el último lustro del siglo y la de los “receptores” de un donante cadáver 97%, 93%, 87% y 74%, respectivamente. La sobrevida de los “injertos” que funcionaron fue 100%, 100%, 100% y 100% en los que lo recibieron de un donante vivo y 97%, 90%, 90% y 90% en los que lo recibieron de un donante cadáver, respectivamente en los mismos períodos (censurando a los que fallecieron con un injerto funcionante). Si consideramos al regreso a diálisis y a la muerte con riñón funcionante como una pérdida del injerto, la sobrevida de los “injertos” en los pacientes con un donante vivo fue 100% a 1, 3, 5 y 10 años, y en los que lo recibieron de un donante cadáver 97%, 92%, 87% y 73%, en los mismos períodos, respectivamente.
Esta historia fue posible gracias al esfuerzo decidido de un grupo de médicos, que abnegadamente y por iniciativa personal, se prepararon para realizar una tarea que tuviera un alto impacto en los pacientes del hospital, mejorando su calidad de vida y muchas veces prolongándola. Creo que la lectura de este artículo puede motivar a los médicos jóvenes que
recién empiezan su carrera, a acometer nuevos y grandes desafíos destinados al beneficio de los pacientes, prescindiendo del esfuerzo personal y los sacrificios que este requiere.

Teléfono: (2) 274 27 00






Commentarios
ME DIRIJO A USTED CON LA FINALIDAD ME INFORME RESPECTO A SI EXISTE LA POSIBILIDAD DE ACCEDER A UN TRASPLANTE RENAL EN FORMA PARTICULAR, ES PARA MI ESPOSO, QUE ESTA EN DIALISIS HACE SEIS AÑOS, Y SE ENCUENTRA EN LISTA DE ESPERA, LA CUAL ES MUY LARGA Y TEDIOSA. SOMOS DE HAEDO PROVINCIA DE BUENOS AIRES ARGENTINA, DONDE VIVIMOS. MI ESPOSO ALBERTO VILLARREAL, Y QUIEN LES ESCRIBE ADRIANA GALETTA. SIN OTRO PARTICULAR Y A LA ESPERA DE UNA PRONTA RESPUESTA, SALUDO A USTEDES MUY ATENTAMENTE.
ADRIANA GALETTA
TELF: 15-35518447
PART: 011-44603956
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